NO SOMOS NADA: ¿algo
somos?
Ensayo a partir
de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury
I. Era estupendo
quemar
<<…olvidamos lo cerca que estamos del
vacío…>>
¿y si fuésemos ignífugos?
<<Constituía un placer especial ver las cosas…>> El peligro de
los libros es, quitarnos -intentar- las cadenas y vendas impuestas, aceptadas
sin más por la sociedad: todo un establecimiento para el sometimiento. El ver
el rocío sobre la hierba, es una necesidad ineludible para Clarisse McClean,
como una lectura consciente del mundo, no feliz ¡menuda tontería! Sino,
mejor, como un terrible susurro. Ella es elemental para la trasformación
de Montag. Antes de continuar es necesario dejar claro ciertas cuestiones.
No presento ninguna idea original. Ojalá pudiera. Es más, es un
atrevimiento tratar de ser autónomo en las ideas. Las mismas palabras desde mi
orden. Muchas cosas quedarán por analizar, pues este ensayo es no un estudio
profundo, ya que esta obra de Bradbury es un texto que se presta para diversos y
más profundos y serios análisis hasta filosóficos. No es un resumen, aunque
tenga muchas citas, necesarias para el modo de querer escribir, es solo un
querer expresar algo, si se puede, de lo que pasa por mi cabeza, pero, en
realidad, termina siendo todo esto más como una invitación a leer la obra de
Ray Bradbury. Un pretensión necesaria. Esta historia se desarrolla en un
espacio que refleja la realidad actual, donde <<Nadie tiene ya tiempo
para nadie>>. Donde todos somos nadie. Una realidad que describe a la
actual, donde la educación <<no tiene nada que ver con la
sociabilidad>>. Es una historia en una sociedad en la que al final del
día, ya de escuela o de trabajo, solo queda espacio para caer sin fuerzas en la
cama. No quiero ser Montag y a la vez sí. No sé aún bien por qué.
Me gusta el modo en que está escrita la obra. El modo en que se desarrolla.
La historia misma. La trama, el drama, el ritmo, hasta la rima. La alusión a la
poesía y a la filosofía. El valor de hacer y tomar lo prohibido -causa de
muerte-, ocultar, una pasión por ese misterio de las letras escritas por otros
en otras épocas y con otros o iguales sentimientos, ajenos y propios a la vez.
Las grandiosas descripciones como en las -menciono algunas- páginas: 23, 34, 128 o 141 o 154 o 170. La obra atrapa
y encanta sí o sí de arriba abajo.
Me mueve de un modo sísmico, lo mismo que a Montag: saber de la gente qué
son, qué desean, y adónde van; una tarea gigantesca en épocas de la
incomunicación, época en que los abuelos recuerdan <<cuando los niños no
se mataban entre sí […] cuando todo era distinto>>. Es una lectura de
impulsos constantes de intranquilidad, zozobra, angustia. Como si al leerle, me
imaginara en la realidad en la que se persigue por el solo hecho y acto
de leer. Y que a pesar de todo pareciera chiste, lo peor de todo es que sí
sucede fuera del texto, en la realidad de la Historia humana. La iglesia tiene
una lista de libros prohibidos, por ejemplo, sin mencionar los desconocidos o
voluntariamente olvidados por el sistema.
Relojes orales que anuncian la hora lúgubre en su frío, reactores en el
cielo oscuro matutino. Una enseñanza directa: <<-Cualquier hombre que
crea que puede engañar al Gobierno y a nosotros está loco>>. Quiero ser
Montag cuando <<sintió que el libro [en este caso] oculto latía como un
corazón contra su pecho>>. Ya que de algún modo el leer es una manera de
vivir. Vivir como cuando le dicen a Ridley <<pórtate como un
hombre>>. Quiero ser Montag cuando se pregunta <<¿Cómo se consigue
quedar tan vacío?>> me pregunto vacío de qué, él se pregunta por quién,
pues en la sociedad el vacío termina siendo una característica para ser feliz;
feliz ¡menuda tontería!
La sensación de
la lectura, el sabor: << se sintió como un hombre que había sido arrojado
desde un acantilado, sacudido en una centrífuga y lanzado a una catarata que
caía y caía hacia el vacío sin llegar nunca a tocar el fondo, nunca, no del
todo; y se caía tan aprisa que tampoco se tocaban los lados, nunca, nunca se
tocaba nada>>. Al tiempo me hace recordar a Sartre y el hombre como una
mota de polvo en una caída sin fin. Es como estar a plena conciencia de estar
cayendo, pero sin estar atento a la caída mientras se cae, sin poder degustar o
disgustar.
(Vi hace un
tiempo atrás la película, no la recuerdo del todo. Cosas mínimas, pero no
elementales. -Sería bueno volverla a
ver. La lectura sin embargo es siempre mejor que todo. Casi que me quemo con el
fuego de los mismos libros, de los quemados en la narración y quemado por el
libro en mis manos recalcando funciones intrínsecas de la sociedad moderna, su
educación, su política vigilante, el panorama de la vida, lo incierto del -presente-
futuro, una guerra que se ignora por los propios problemas y así).
No quisiera ser
Montag cuando dice <<-Quemamos a una vieja con sus libros>>. Aunque
eso no es todo, no. Lo impactante es cuando insiste en que los libros tienen
algo <<cosas que no podemos imaginar […] uno no se sacrifica por
nada>>. Y cayendo en el juego que generan las contradicciones, como lo
indica la obra, comparo cuando se dice que todo fanático busca el suicidio.
Juego que es elemental en el desarrollo de ciertos argumentos a favor de la
quema de libros. Argumento o juego que es central en la trama de la historia:
los sentimientos contradictorios de culpa y de libertad en Montag. El hacer lo
que se debe como bombero o el hacer lo que se debe como hombre joven Ridley.
Si existen ideas contrarias al Gobierno, la razón es que, a pesar de la prohibición,
algo aún se lee.
Y eso no es
todo. El vivo retrato de la actualidad y sus instituciones, en la educación,
calcan a la obra literaria <<Los años en la Universidad se acortan, la
disciplina se relaja, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonan, el
idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados>>. Ello es la
realidad educativa del siglo XXI. Escuelas abandonadas por el Estado, por los
padres por los estudiantes, limitando recursos, evitando calidad, desvirtuando
habilidades y favoreciendo obediencia. Es delito hablar de pensamiento crítico
en la escuela o hacer innovaciones pedagógicas que favorezcan espacios para el
desarrollo del ser humano. Es ir en contra de una sociedad que ve la raíz de la
melancolía en la <<hora filosófica>>. Las sociedades son
construidas con paredes de vidrio, -cosa que me recuerda a otro Ray, a Ray
Loriga y su texto también excelente: Rendición, en este y en aquel
<<no hay necesidad de pensar>>, <<…la cúpula que todo lo
protegía>>. (Loriga, 90)- paredes de vidrio que me hacen pensar en esta
vida virtual de redes sociales (en cantidad que llega al hastío mismo) en la
que todos saben todo de todos, menos lo que son, o somos, o es cada uno.
Siguiendo con la
educación, se sabe menos y menos, es un fenómeno producido por <<la
tecnología, la explotación de las masas>> una evidente y exitosa
alienación y ausencia de autorrealización aristotélica, sumado a que lo
intelectual ahora es insulto, degradación, inferioridad y locura. El temor
es por lo desconocido, el miedo es miedo a conocer, sin conocer se es feliz.
Feliz ¡menuda tontería!
Feliz ¡menuda
tontería! Meta ilusa que no es objetivo del que lee. Se lee para despertar de
la ilusión impuesta. La diversión evita la dispersión del pensamiento, la
dispersión del pensamiento genera ideas como que: el hombre es una nube de
polvo, una mota de polvo (Sartre). Asimismo, en la educación, se enseña cómo
se hace, mas no el por qué, pero este hace es solo cosas como quemar y
ya. Mas no se enseña el cómo pensar. Puesto que el por qué es una
pregunta que conduce a la desdicha, engaño, a la mentira. Solo se informa sin
formar nada en nadie, es más se deforma al punto de odiar lo que sea libro y
libre, repitiéndose que el camino a la melancolía es la Filosofía o la
Sociología. La filosofía ahoga al mundo y le quita su ser feliz, feliz ¡menuda
tontería! Es un ya mundo feliz, aunque antes hubo un tiempo en el que se
podía pensar, había ocio para la reflexión, el diálogo y el debate; ya ni en la
escuela se brinda este espacio, el tiempo para pensar ahora es inexistente. Ahora hasta la infraestructura se piensa para
evitar estos focos de subversión. Ya no hay lugar para la intelectualidad.
II. La criba y
la arena
<<Silencio. La fría lluvia caía. Y el olor a electricidad azul
soplando por debajo de la puerta cerrada>>.
La sociedad es
el agujero del que nos quieren sacar los libros. Los libros quieren. Los
libros intentan. Quieren desaparecer el entumecimiento, desaparecer la
quietud pasiva del entendimiento. Hoy es un acto de rebeldía no usar la
escalera eléctrica y tratar de sentir un poco la respiración y resecar la
garganta con el aire. Otro acto de rebeldía es el ser <<un romántico sin
esperanza>>, así como es la poesía, consciente del mundo, para ser ella.
Ello es un problema para el orden establecido, impuesto y coercitivo; ayudado
por el deshecho de toda cultura <<el público ha dejado de leer por propia
iniciativa>>, aunque aquí nunca se ha tenido ni la iniciativa de leer. Así -Cel sintió el verdadero temor- se vio, así
se entiende una incultura autoprovocada, una herida autoinfligida. Queda pues
que <<muy pocos desean ya rebelarse>>, el susto detiene el ímpetu
con fuerza, la fuerza invisible del orden impuesto, como si así hubiese sido
siembre, concreto, supuesto e impuesto. Ya no existe ninguna revolución
posible.
Faber me parece importante puesto que es esa complicidad absoluta en una
misión imposible. Impulsa de alguna manera ese afán de vivir de otra manera de
Montag. Una de las cosas que me parece más impactante es cuando Montag se da de
cuenta que no está penando, así cambie de bando, y así ninguna gracia, fiarse
es perderse. La pregunta clave entonces es <<¿Cuándo empezaré a tener
iniciativas propias?>> Ya en su mente pareciera que se fraguara una clase
de venganza contra su gremio los bomberos que en verdad representaban más que
solo bomberos, hay que mencionar que ellos se veían como los guardianes y
garantes en la sociedad para poder ser feliz, feliz ¡menuda tontería!
No es todo. Ese
momento en que manda al diablo a la teoría y dice <<esto es
poesía>> El momento en que se condena a sí mismo al mostrarse lector, es
decir: traidor. Lee: paloma en la playa -hermosa composición-
ratificando por parte de los asistentes -alguna lloraba- que la poesía está
directa e inseparablemente ligada a las lágrimas, al llanto, a los terribles
sentimientos, a la enfermedad <<¡cuánta basura!>> Ellos quieren
formar la idea en todos: que los libros <<se vuelven contra ti>>.
La historia ya
va en que suena la alarma, los bomberos y Montag toman sus equipos y se
aprestan a la tarea de limpiar con fuego, erradicar el pensar, el saber, el ser;
llantas chirriando sobre la calle. Acciones de rutina -como en los operarios
que atendieron a su esposa al inicio de la historia. Paran en la casa de
Montag. Que anteriormente había guardado unos cuantos libros que aún pudo
encontrar, después de sacar un montón de ellos delante de su esposa -otro factor
que agrava su existir.
III. Fuego vivo
<<Montag sintió deseos de
zambullirse de nuevo en el río y dejar que le arrastrara
a salvo hasta algún lugar más lejano>>
<<Las luces
iban encendiéndose y las puertas de las casas abriéndose a todo lo largo de la
calle para observar el espectáculo que se preparaba>> Acusado por su
esposa, ratificado por sus actos, entregado ya a la causa -una revolución- debido
a que en su vida se le presentaron ciertas cosas que podríamos decir su
destino. Al dársele unos cuantos versos se creyó el Señor de la Creación.
Montag no solo había quemado a una mujer y sus libros en casa, sino que también
en su propia casa había convertido a Beatty <<en una llamarada>>,
después pensó que él -Beatty- en realidad quería en el fondo morir. Y ni hablar
de uno de los Sabuesos Mecánicos, que a la vez es algo que irrumpe y no parece
encajar en la narración, -como una clase de pre-inteligencia artificial- pero
que es elemental, ese Sabueso Mecánico para descubrir su nuevo olor de hombre
pensante, lo incineró ya como reflejo, instinto o meta. Puesto que ahora la
mente de Montag estaba clara frente a la idea de <<salvaremos lo que
podamos, haremos lo que deba hacer. Si hemos de arder llevaremos a unos cuantos
con nosotros. ¡Ea!>> Ahora, huida constante, escape afanoso, destierro
necesario, desencaje, deslizarse cauteloso, perderse. Desaparecer.
Recuerda a Clarisse, al rocío, al diente de león, al estar
enamorado, a la luna, todo eso lo cambió de alguna forma. Se cuestiona como en
un juzgado <<¿Cuántas veces puede hundirse un hombre y seguir
vivo?>> seguir con ganas de respirar y ver nuevamente el rocío, el rocío
en la mirada de Clarisse. Recuerda a Millie, no sin dolor y tristeza, pues
reconoce en algo su posterior beneficio a tanta testarudez por los libros.
Televisor como oráculo. Dos vasos de wisky. Tratar de eliminar todo rastro,
todo su rostro. Olor, recuerdo, memoria, historia. Un estrepitoso conteo hasta
diez, él de cara al río llegando al diez. Puede ser salvación. Evitando cuanto
pudiera pasar si le atrapara el conteo. Desaparecer.
Allí en el río pareciera que algo cambiara, que <<la búsqueda
se había desviado hacia el interior>> tanto de él hacia la ciudad, y de
él por él mismo en esa búsqueda que termina siendo <<demasiado para
cualquier hombre>>. Una especie de moraleja va quedando como <<y
cuanto más inspiraba el perfume de la tierra, más lleno se sentía de todos sus
detalles. No estaba vacío. Allí había más de lo necesario para llenarle.
Siempre habría más que suficiente>>. Es como el efecto no esperado y sí
evitado de esta sociedad, el reconocer el humus que somos y la tierra a la que
olemos; oler una flor es blasfemia para el consumismo masificado de la masa.
Mejor desaparecer.
Ahora bien, todo parecía casi nuevo, allí en ese lugar, al huir, al
desaparecer, encontró una nueva utilidad al fuego, para él, el fuego <<No
estaba quemando. ¡Estaba calentando!>> las personas apartadas, algunas a
patadas, de este sistema, habitaban periferias, bosques, montañas alejadas,
lejos de las gentes que hablan sin decir nada, de las gentes que dicen ser
feliz, feliz ¡menuda tontería! Momtag era el Eclesiastés y algo de las
Revelaciones, otros eran Aristófanes, Mahatma Gandhi, Gautama Buda, Confucio,
Thomas Love Pencock y Mateo, Marcos, Lucas, Juan. Aquí, en las afueras de la
ciudad también se queman los libros, pero, después de leídos y memorizados,
para en una nueva era escribirlos nuevamente, que sean algo así como el ave
fénix, en una época dorada, próxima no muy lejana. Aunque <<no se pueda
obligar a la gente que escuche>> si se puede escuchar, leer, pensar, como
principio social para una nueva ciudad. Esto es como para una especie de almas
ingeniosas y atrevidas, que no se conformen, por la diversión de consumir y el
consumo por -simple- diversión. Una de las cosas importantes de resaltar es que
a pesar de tanto el hombre es maravilloso en tanto no se desalienta nunca. Por
eso existimos, aquí y así, a pesar de todo, resucitando libres en la vos y la
lectura, para poder acercarnos a entender y comprender <<lo cerca que
estamos del vacío>> pero no por ello vacíos, que por esto mismo se debe
llenar <<tus ojos de ilusión -decía- vive como si fueras a morir en diez
segundos. Ve al mundo. Es más fantástico que cualquier sueño real o
imaginario>>.
Estallan bombas ahora, <<la sangre se sorprende al verse libre
en el aire>>. Montag gritó a
Clarisse, a Millie, a Faber -que se suponía en otro escape- corred, pero inútil
todo, todo acabó la guerra, <<el hondo de la muerte llegó más
tarde>>. El mundo y su silencio lúgubre y sepulcral, nada alentador, poco
inspirador ya. Difícil de soportar. Y para finalizar <<lo más importante
que debíamos mantener en la cabeza es que no somos importantes, que no debemos
de ser pedantes. No debemos sentirnos superiores a nadie en el mundo>>.
Ni <<cuando alcancemos la ciudad>>. Entendida esta ciudad como ese
lugar idóneo para la vida humana en el que leer sea parte indispensable de ser
un humano, que sienta la necesidad de un diente de león, del rocío, de la luna,
de un nosotros.
<<Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi
abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de
zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocara, de un modo especial de
modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la
gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí>>.
<<La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el
césped y un auténtico jardinero está en el tacto>>.